¿De verdad quieres saber
lo que ni siquiera entiendo,
el por qué soy tan devoto
de tu alma y de tus huesos?
¿De verdad quieres saberlo?

Pues la historia se remonta a antesdeayer,
pues yo llamo antesdeayer
a la etapa en que no te conocía,
pero sí te percibía tan adentro de mi ser
que no tuve más remedio que buscarte.

Y así entonces me guié
por el rastro de tus pasos,
esperándote encontrar en el allá,
y al final de esta senda de emociones
que todos la llaman vida
mas yo apodo soledad,
no logré ni siquiera imaginarte.
Ni siquiera descubrí cómo serías.

No exagero si comparo a mi fracaso
por buscarte con el viento,
al que siento cada día
pero no consigo verlo,
mas lo cierto es que anduve
como una estrella errante,
pues sabía que si yo lograba verme
todo era por la luz que desprendías.
Mi existencia fue reflejo de tu instante.

De repente, una ráfaga de aire
que volvía de regreso,
que pasó por tus pulmones inspiré,
y me sentí tan consciente,
y poseso por tenerla tan adentro de los míos
que me ahogué por no expirarla.

Y pasé de buscarte solitario y sin sentido
a sentirme como amigo de la muerte,
a encontrarte como si estuviera vivo.

Pues de hecho, con mi muerte, te encontré:
Me perdí con un rastro del recuerdo,
que me hizo verte por primera vez
y lanzarte a mí ánima en un beso,
tan ferviente como se dirige un rezo,
tan escueto pero intenso, hacia tu piel.

Y por eso, aunque intento
dibujarte con ejemplos
cómo yo ya te he sentido,
y te siento y sentiré,
reconozco que no sé ni lo que digo.

Que mi fe hacia tu ser es mi destino.
Que mi devoción a ti nunca descansa,
ni jamás descansará.
Que mi suerte no se apoya
en las veces que te he amado
sino en las que te amaré,
Y que parte de tu vida
tiene algo solo mío,
que nos une eternamente:
Nuestra alma compartida al nacer .