“Un drogadicto con alma asceta”.
Así podría definir a mi paciencia,
pues tiene mono de ti; y de la voz
de la impaciencia nacen mis ganas.

Mi corazón espera la dosis exacta
de cada una de tus palabras.
Pues llora por cada palabra tuya
como lloran en el cielo los cometas,
como impregan con su aroma
las estrellas a esta noche estrellada.

Con la misma determinación
que la gotas suicidas de lluvia
al caer de las nubes al vacío,
quiere mi corazón llenarse de ti,

y de esa extraña sensación
de tenerte entre mis brazos.

A las puertas de mi imaginación
y sin miedo al rechazo de acogida,
se presenta hoy mi mente con la atroz
cantinela de que no debo olvidarte.

Y convence a mi conciencia
tan desmedida en reparos,
que parece esa joven que de pasión
besa al aire, como se sueña besar
a un amor desconocido,
cuando se está enamorado.


Porque me enseñaste que la vida puede ser
tan maravillosa como uno quiera.

Va por ti, abuela.