Mi cabeza, que destiñe frases de amor
tan oscuras como el pelo que me brota,
se me antoja tan distante y tan remota
de mi yo,
que no siente compasión hacia este idiota.

Y desborda el sentimiento a mi razón,
encerrando al pensamiento que rebota
en los muros de mi grueso corazón,
¡qué sé yo!,
que de gruesos ni siquiera ya lo notan.