Mi vida cuelga del hilo
que está tejiendo tus manos.
Y por eso son tus manos
tan valiosas para mí.

En tus manos yo resido.
Son ellas quizás mi piel,
o esa parte de destino
que creemos sólo existe
en el mundo de los sueños.
Sin embargo, fue tu mano
lo primero que toqué
que me hizo sentir vivo.

En tus manos estoy yo,
y en ellas, estás conmigo.

Son tus dedos ese cauce
de motivos que entrelazan,
poco a poco, lentamente,
cada hebra de suspiros
de mis trozos de emoción
(contagiada de tu impronta).

Y aunque sé que no lo creas,
De verdad que tú me importas.

Tus caricias son las claves
de esta dulce melodía que me cala,
y tu paciencia, delicada,
es la viga que soporta
esa tela complicada
que me cubre día a día.