Quizás queda el sabor de tu mirada
escondido entre mis dientes.
Y es que siento que al morder,
muerdo el recuerdo atrapado
de tus ojos en mi mente.
Y me viene de repente tu sabor,
que me sabe a piel de azúcar
con trazos de caramelo…
De ese aroma de tu pelo
que disculpa a mi razón
cuando avivo este deseo.
Pues sólo deseo morderte;
y saciar este apetito que me invade.
Del mismo, quizás lo sabes,
se empachó mi corazón…
Aunque hoy recuperado,
padece, por ti, diabetes.